Últimamente me he fijado en que la herramienta más utilizada para rebatir los argumentos que defienden una economía basada en recursos es la semántica. Me refiero específicamente al uso negligente de ésta y a la retórica engañosa. Que haya que recurrir a falacias lógicas y sentidos peyorativos, por no hablar de malinterpretar palabras polisémicas a propósito, nos dice bastante de la calidad de los argumentos empleados; pero el propósito de ese ensayo es otro muy distinto.
Me gustaría analizar el uso inteligente, si bien falaz, de la semántica al describir el
Movimiento Zeitgeist y de nuestra necesidad de puntualizar lo que ahora analizaré en lugar de afirmar simplemente que
'es mentira', lo cual nos deja también en evidencia:
«El Movimiento Zeitgeist es una secta comunista radical que pretende destruir el sistema capitalista para instaurar un gobierno mundial centralizado, con la riqueza controlada por una élite de máquinas».
Aunque la descripción sea ciertamente exagerada, no es más que un conglomerado de las malintepretaciones más comunes de los elementos centrales del movimiento social y de una economía basada en recursos. Dicho esto, la verdad es que tendremos que analizar la frase casi palabra palabra.
Empecemos por
'secta'. ¿El Movimiento Zeitgeist es una organización religiosa? No y, de hecho, el cambio en la sociedad que propone haría desaparecer de forma gradual la superstición religiosa. ¿Es dogmático? No: se analizan datos económicos y sociales con la mayor objetividad posible, así que tener un dogma sería bastante contraproducente, a menos que, por supuesto, se use la definición de
«fundamento de un sistema o ciencia», en cuyo caso sí que es dogmático, al igual que todos y cada uno de los grupos que tengan una idea en común; en tal caso, deja de ser un rasgo distintivo y así deja de tener relevancia alguna más allá del insulto sin fundamento. Por cierto, ¿cuál es nuestro dogma, nuestro principio axiomático evidente? El mismo que el de la ciencia: la realidad, el único plano de la existencia que conocemos con certeza y en el que todos vivimos.
Luego, ¿es un grupo cerrado? No, más bien al contrario. Además, toda la información está disponible a miembros e interesados de forma gratuita y sin dificultades. ¿Somos violentos o entremetidos? No, desde las mismas bases se alienta el activismo pacífico y la difusión pasiva de información (o sea, sin intromisión política forzada). ¿Tenemos alguna clase de ritual? Simple y llanamente no. Entonces, ¿tenemos al menos alguna creencia sobrenatural, esotérica o en general pseudocientífica? No, el movimiento persigue una sociedad centrada en la objetividad y la importancia de manejar con éxito lo material antes de ponerse a pensar siquiera en lo metafísico. Si bien no se alentarán los ritos espirituales de forma particular, tampoco se advertirá contra ello; pero debido a su naturaleza subjetiva e individual, nunca se aplicará de forma sistemática. Si existe será una práctica privada, tomando el mismo lugar que debería ocupar la religión en una nación secular.
Como puede verse,
Zeitgeist no tiene ninguna de las características habituales que se relacionan con el término
'secta'. Por otro lado, existe la definición más abierta de
«grupo de personas con ideas en común» y en tal caso sí que es una secta... junto con cualquier grupo político, empresa, grupo de estudio, organización activista, religión, equipo de jugadores de un deporte o fanáticos de cierta afición. En esencia, todo grupo de personas que tengan un fundamento o propósito en común. Como en el caso del dogmatismo, que el movimiento pueda definirse como
'secta' deja de ser una característica distintiva y pierde el sentido peyorativo original. En otras palabras, es una falacia lógica de
'equivocación': solo queda la cáscara despectiva haciendo eco del significado más habitual de la palabra.
La acusación de que es un movimiento comunista o socialista se trata de una práctica más bien estadounidense, debido al miedo que tienen allí al término, pero lo analizaremos de todas formas. Es cierto: buscamos la igualdad social y ponerlo todo en común. La tendencia es inequívocamente izquierdista en ese básico y eso no puede ni debería negarse. De hecho, no parece que haya otra forma además de una especie de socialismo para llevar a cabo una transición hacia lo que buscamos. Aun así, nuestra propuesta no entra en las definiciones políticas de
'comunista' o
'socialista'.
En el comunismo ideal, una única unidad central toma las decisiones por el bien mayor de la sociedad tomando en cuenta los intereses de cada miembro de la sociedad sin discriminación. En una economía basada en recursos
se llega a las decisiones basándose en lo que
se demuestre científicamente (empírica y/o racionalmente) que tenga el mayor impacto positivo en toda la sociedad. Mientras que en el comunismo existe la política de una forma u otra, nosotros pretendemos tomar un camino más similar al anarquismo: consiste en una red global de comunidades que llega a decisiones antaño políticas de la forma más objetiva posible y analizándolo todo siempre caso por caso. Si en algún caso el proceso no funciona, se recurrirá al mecanismo secundario de la votación democrática, pero sólo votarán las comunidades relacionadas con el tema en cuestión. Aunque compartamos la noción práctica de la ausencia de propiedad privada, en el comunismo la propiedad es comunal; todo pertenece a todos. Si bien solo es una distinción filosófica, nosotros proponemos una sociedad en la que realmente no hay propiedad; nadie es dueño de nada, sino que hay acceso para todos.
En realidad, la mayor diferencia es que el comunismo es un gobierno o mecanismo de control como cualquier otro y la economía basada en recursos es un sistema de producción y distribución inteligente de recursos. La economía basada en recursos es el primer sistema que se basa en la preservación de los recursos para no destruir este planeta finito, concepto que ni siquiera existía cuando se idearon el capitalismo, el comunismo y el anarquismo. Además, no necesitamos un gobierno ya que tenemos en cuenta el potencial social de la automatización, lo cual el comunismo no podía prever. Podéis llamarlo
'Comunismo 2.0' si queréis, pero llamarlo comunismo con la intención de degradarlo no es más que otra falacia de equivocación.
En cuanto a la extraña acusación de que somos radicales, se comete de nuevo el mismo fallo lógico, valiéndose de las múltiples acepciones del término. Muchos entenderán
'extremista violento' ya que ese es el uso moderno más habitual de
'radical'. No lo somos. De todas formas, la palabra solo significa
'fundamental'; y es cierto,
Zeitgeist es un movimiento radical: buscamos cambiar las cosas de raíz en vez de hacer reformas al sistema actual, nada más y nada menos. Lo mismo ocurre con que queramos
'destruir' el sistema capitalista para
'instaurar' una economía basada en recursos: prevemos que el monetarismo (no sólo el capitalismo) se auto-destruirá tarde o temprano por sus propias prácticas y nuestra intención es servir de
'airbag' en el colapso con nuestra propuesta socioecónomica; no queremos destruir ni instaurar nada a la fuerza, sino proponer una alternativa a un sistema disfuncional.
En la comparación con el comunismo ya hemos aclarado que no habrá gobierno. Ciertamente, es una economía global, pero al no existir un organismo de control tradicional es un tanto extraño llamarlo
'gobierno mundial centralizado'. Cada ciudad tiene un
'cerebro' que se une con las demás ciudades para formar un sistema nervioso; la sociedad se compone de una red descentralizada de comunidades sin jerarquía. Como ya se ha insinuado antes, adoptamos el modelo anarquista de
'desde abajo hasta arriba'. En un sistema centralizado existe una jerarquía obvia en la que una sola unidad decide lo que ocurrirá en las demás; en una economía basada en recursos las unidades deciden por sí solas a menos que se precise una decisión grupal (lo cual ocurrirá casi siempre en el manejo de recursos), en cuyo caso las comunidades afectadas deberán llegar a consenso, ya sea matemático en el manejo de recursos o democrático en algún aspecto social que no pueda objetivizarse.
Para desmontar la acusación de la riqueza controlada por una élite de máquinas no hay más que reiterar la ausencia de gobierno, jerarquía y sistema monetario. La riqueza deja de cuantificarse de la misma forma: los recursos se distribuyen automáticamente de forma equitativa según las necesidades específicas de cada comunidad. El proceso de la oferta y la demanda se facilita mucho cuando la producción, la fabricación y la distribución están en una constante comunicación transparente. No hace falta tomar decisiones subjetivas ya que la demanda comunitaria, regional y global se calcula con facilidad sin el
'ruido' que causa actualmente el secretismo entre empresas.
En lo que respecta a la élite, ya hemos dicho cómo y por qué no habría jerarquía. Por otra parte, las máquinas no son más que herramientas a nuestra disposición y
bajo nuestro control, con más memoria y capacidades técnicas para fines específicos: desde los brazos robot hasta los ordenadores que calculan la demanda, solo son inteligentes en su trabajo. No tienen deseos, penas ni dudas existenciales al igual que tu teléfono móvil y televisión no las tienen.
'Más inteligente' no significa
'Más sujeto a sentimientos negativos humanos' y, aunque así fuera, no tendrían razón para sentirse así y por ello esclavizarnos o tomar el control absoluto. Vayamos más allá, al reino de la pura imaginación: en el caso hipotético de que se creara un robot corpóreo tan
'inteligente' que tuviera anhelos humanos, tendría también derechos humanos. Por supuesto, seguiría habiendo mecanismos automatizados de producción, fabricación, distribución y transporte humano sin la "inteligencia" suficiente para sentirse esclavizados. Por no hablar de que tal máquina hipotética tendría el rendimiento suficiente para llevar a cabo su función; no se
'sentiría' esclavizada porque no estaría forzada. En esencia, es un miedo irracional causado por la falta de comprensión de cómo funcionan las máquinas. Cito a
Arthur C. Clarke:
«La idea popular promovida por los comics y las formas más vulgares de ciencia ficción de que las máquinas inteligentes han de ser entes malévolos hostiles hacia la humanidad es tan absurda que apenas merece la pena desperdiciar energía en refutarla. Casi estoy tentado a argumentar que sólo las máquinas no-inteligentes pueden ser malévolas. Aquellos que se imaginan a las máquinas como enemigos activos no están haciendo más que proyectar su propia agresividad. Cuanto mayor sea la inteligencia, mayor será el grado de cooperatividad. Si alguna vez hay una guerra entre la humanidad y las máquinas, es fácil imaginarse quién la comenzaría».
Todo lo anterior ha sido el análisis exhaustivo de una sola frase acusadora. Es un trabajo arduo pero necesario: se debe puntualizar y no decir simplemente que
'están equivocados'. ¿Por qué molestarse? Para empezar, porque saldrán con definiciones de
'secta',
'comunista' y
'radical' que sí que se ajustan al movimiento. Como ya he dicho, estarán cometiendo una equivocación, pero la mejor forma de mostrarlo es explicando paso por paso dónde residen los fallos de su argumentación. Además, seguirán retorciendo el significado de varios términos, como en el caso de
'gobierno mundial', a pesar de la ausencia manifiesta de gobierno en una economía basada en recursos. La clasificación es vital: no debemos negar que somos comunistas y punto, sino explicar el porqué de nuestra tendencia social y aclarar que, si bien nuestra propuesta puede parecer izquierdista desde un punto de vista bipartidista clásico, no lo es realmente.
En conclusión, en lugar de descartar la acusación de buenas a primeras, siempre que sea posible hay que sacar a relucir sus estratagemas, ya que en ocasiones serán incluso inconscientes: la mejor forma de convencerlos es mostrar en qué punto se han equivocado.